
Los misioneros ponen el fundamento de todo su empeño y trabajo apostólicos en cinco grandes amores: Jesucristo, María, la Iglesia, el Papa y los Pastores y las almas. Estos grandes amores, vividos con autenticidad, constituyen las líneas fundamentales de la predicación y del apostolado de los misioneros.
Los misioneros hacen de Jesucristo el centro e ideal de su vida, el modelo en el que tienen que transformarse y la meta de su realización humana y cristiana. Para los misioneros el amor a Cristo consiste fundamentalmente en la amistad con Él, en el cumplimiento de sus mandatos y en la vivencia fiel del Evangelio sin glosa, muy especialmente en todo lo que hace referencia a la caridad fraterna y al mandato misionero «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio» (Mc. 16,15).
Los misioneros aman a la Santísima Virgen con un amor tierno y filial, imitándola en sus virtudes, especialmente en la caridad, la humildad, la pureza y la obediencia, encomendándole el fervor y la perseverancia en su esfuerzo de santificación e invocando su ayuda como Madre. Manifiestan su amor y devoción a María mediante la práctica de algunos actos de piedad, que les ayudan a irse conformando cada día más con sus virtudes. Acuden con confianza a María, encomendándole todos los asuntos y necesidades, y muy especialmente la propagación del mensaje evangélico.
Los misioneros aman con devoción y respeto filial al Papa, prestando con fe, total acatamiento y obediencia amorosa a sus disposiciones y mandatos, como venidos del mismo Jesucristo. Veneran con espíritu de fe a los Obispos que enseñan en comunión con el Romano Pontífice, com
o a los Sucesores de los Apóstoles.
Los misioneros aman apasionadamente a la Iglesia, continuadora de la misión de Cristo y principio de su Reino en la tierra. Por ello, dedican lo mejor de sí mismos y hacen rendir sus talentos con eficacia, de modo que a través de su apostolado Jesucristo sea conocido y amado por el mayor número posible de almas.
Los misioneros, valorando el amor que Cristo tiene por cada alma, no ahorran ningún esfuerzo ni sacrificio con tal de ganarlas para el Reino, estando dispuestos a dar la vida por la salvación de una sola alma.

1 comentario:
Hola Rafael: Dios te bendiga por lo que escribiste a cerca de la espiritualidad del misionero. Ojalá Nuestro Padre te configure de esa manera.
Estarás en mis oraciones.
Sebastián Cortés
Salta, Argentina
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