Dejarse guiar por el Espíritu
La palabra “espiritualidad” encuentra su sentido más completo cuando se la relaciona a la palabra “espíritu”, que es su misma raíz; espiritualidad viene de espíritu.
Comunión íntima con Cristo, testimonio personal y comunitario, amor a la Iglesia, compromiso al servicio del Reino son realidades de las que se habla mucho en la encíclica Redemptoris Missio y que tienen que ver con la espiritualidad. Tienen que ver con el Espíritu, que es el protagonista de la misión, el inspirador de toda vida cristiana auténtica, de toda vida misionera comprometida.
Sólo el Espíritu puede hacernos a nosotros, como hizo a los Apóstoles “testigos valientes de Cristo y preclaros anunciadores de su palabra; Él nos conducirá por los caminos arduos y nuevos de la misión” (No. 87).
Espiritualidad específica
La espiritualidad misionera exige una espiritualidad específica, particularmente necesaria a los que tienen propiamente la vocación misionera, aunque no solamente a ellos.
El misionero necesita motivaciones profundas para enfrentar la radicalidad del compromiso, las incertidumbres, el frecuente rechazo, la falta de frutos apostólicos, etc.
Sólo una profunda espiritualidad le ayudará a mantener viva y eficiente su generosidad y su entrega.
La misma exigencia, sin embargo, la tienen también todos los cristianos que quieren tomar en serio su compromiso misionero.
A este compromiso de todos los bautizados empuja la Redemptoris Missio, ya que la evangelización del mundo no cristiano se hace siempre más urgente.
La nueva época misionera de la que habla el Papa se hará realidad sólo si todos los cristianos (no únicamente los misioneros) responden “con generosas y santidad a las exigencias y desafíos de nuestro tiempo” (No. 92).
“La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión” (No. 90). “Es necesario suscitar un nuevo anhelo de santidad entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana, particularmente entre aquellos que son los colaboradores más íntimos de los misioneros” (No. 90).
La Iglesia no necesita sólo un mayor número de misioneros, sino también de misioneros que vivan una espiritualidad muy profunda: valientes y fervorosos en el compromiso, enamorados de Cristo y su Evangelio hasta querer darlos a conocer a todo el mundo.
La Redemptoris missio no sólo confirma la necesidad de la espiritualidad en el compromiso misionero, sino que también indica las líneas fundamentales de esta espiritualidad:
• Cristo, fundamento de la misión;
• El Espíritu Santo, protagonista de la misión;
• La Iglesia, depositaria de la misión;
• La Humanidad, sujeto de la misión.
Rasgos históricos
Hace 14 años
