
Como buenos hijos de Dios, no podemos dejar a un lado a nuestra queridísima Madre, la Santísima Virgen María, quien llegó a ser modelo e imagen del pueblo que, al recibir la Palabra y el Espíritu, se convirtió en Iglesia fecunda, madre de los hijos de Dios y portadora de Cristo, misionera (Cf. Instrumento de trabajo para el CAM3-COMLA8 #141).
Con el rincón mariano queremos recordar que María, la primera discípula misionera de Jesús, nos sigue acompañando y con nuestra advocación, María Reina de las Misiones, pedimos a nuestra Inmaculada Madre que suscite respuestas generosas para los llamados a anunciar el Evangelio de Jesús y que custodie nuestra vocación a la que hemos sido convocados.


